Vivimos en una época muy eficiente para conseguir cosas rápido.

Podemos aprender los fundamentos de casi cualquier tema en una tarde, generar una presentación o video en minutos, publicar una idea frente a miles de personas en segundos y obtener una respuesta inmediata sobre prácticamente cualquier duda.

¡Nos hemos acostumbrado a querer algo y obtenerlo prácticamente de inmediato!

El problema comienza cuando esperamos que nuestra carrera profesional funcione igual. Queremos aprender rápido, crecer rápido, posicionarnos rápido, emprender rápido y, por supuesto, ver resultados rápido.

Y cuando esos resultados tardan en aparecer, nosotros empezamos a dudar y a preguntarnos si estaremos haciendo algo mal. La respuesta, en la mayoría de los casos, sería un rotundo no; pero también en la mayoría de los casos, no nos permitimos escuchar esa respuesta.

La satisfacción instantánea

La satisfacción instantánea funciona porque nuestro cerebro aprecia las recompensas cercanas. Hacemos algo y recibimos una respuesta: una notificación, un comentario, una venta, un reconocimiento.

En el ámbito profesional también existen pequeñas recompensas que nos indican que estamos avanzando.

  • Conseguir un cliente.
  • Recibir un aumento de sueldo.
  • Aumentar seguidores.
  • Lanzar un proyecto.
  • Cerrar una venta importante.

A pesar de que todas ellas son experiencias valiosas que merecen que nos detengamos a contemplarlas y disfrutarlas, muchas veces pasamos página y buscamos de inmediato una nueva recompensa que nos permita confirmar que seguimos creciendo.

La satisfacción dura poco porque nuestra atención ya está puesta en la próxima conquista.

El feed de la carrera profesional

Las redes sociales, en su formato moderno, tienen una característica fascinante que las ha hecho exitosas: Con solo mover el dedo ya tenemos algo nuevo que ver, muy fácil y muy rápido.

  • Otro video.
  • Otra noticia.
  • Otra opinión.
  • Otra historia.

En algunas carreras profesionales comienza a suceder algo parecido.

  • Otro curso.
  • Otro proyecto.
  • Otro cliente.
  • Otra certificación.
  • Otra oportunidad.
  • Otro negocio.
  • Otra meta.

Individualmente, cualquiera de estas decisiones puede tener mucho sentido, pero debemos buscarles un sentido colectivo, es decir, una relación entre ellas.  Si no lo hacemos, podemos terminar acumulando experiencias sin construir necesariamente una trayectoria.

Aquí es donde esa obligación de parecer, o estar ocupados todo el tiempo, nos puede jugar en contra. Podemos ver a alguien que trabaja de lunes a domingo seguir en el mismo lugar después de años, mientras que alguien que equilibra su tiempo, pero enfoca sus esfuerzos en lo realmente importante, avanzar profesionalmente en unos pocos meses.

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La percepción del tiempo también nos juega en contra

Para un ejecutivo, la presión suele presentarse como una necesidad permanente de demostrar progreso: mientras que, para un emprendedor, puede aparecer como la sensación de que el negocio debería estar creciendo más rápido.

Todos los días leemos sobre personas que lograron inversiones, ascensos, nuevos clientes, expansiones, lanzamientos y éxitos profesionales. La cuestión es, que lo vemos sin contexto, porque no nos dicen (o no nos interesó enfocarnos en eso) los meses, años, o la cantidad de trabajo que les tomó llegar hasta ese punto.

Eso altera nuestra percepción del tiempo.

  • Un proyecto que requiere dos años comienza a parecernos lento.
  • Una empresa que crece gradualmente parece estancada.
  • Una carrera construida durante diez años parece menos atractiva que una historia de éxito que suena a que se logró en dos meses.

Si no tenemos claro que el tiempo y esfuerzo que nos tomará llegar a nuestra meta, comenzamos a dudar y terminamos por cambiar de estrategia, de proyecto, de mercado o de objetivo… antes de tiempo.

Hay que recordar algo simple y real: las cosas importantes no siempre suceden rápido.

Hay proyectos que necesitan tiempo para demostrar resultados, habilidades que solo se desarrollan con la práctica y decisiones profesionales cuyo verdadero valor entenderemos años después.

Podemos aprovechar todas las herramientas que hoy nos permiten avanzar más rápido, sin convertir la velocidad en nuestra única medida de progreso.

De vez en cuando vale la pena detenernos, mirar lo que estamos construyendo y preguntarnos si nuestros esfuerzos tienen una dirección común.

Y si la respuesta es sí, quizá no necesitemos correr más, solo seguir avanzando con pasos firmes.

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