Toparte con un “Founder” que camina por los pasillos en una Expo de “Entrepreneurship”, donde está presente todo el ecosistema, buscando una agencia de “Growth Marketing” que le ayude a conseguir “Venture capital” para su pastelería, es cada día más común. El problema no es abrir una pastelería, (¡Ojalá abrieran muchas más!), o usar términos “fancy”; el problema es la confusión que genera querer utilizar estrategias o herramientas que no fueron hechas para algunos modelos de negocio.
Y es que en los últimos años, el glamour y la romantización del emprendimiento han creado confusión. Las redes sociales y los medios celebran a los fundadores de startups como si todos los emprendedores fueran parte del mismo juego. Pero la verdad es que no todos los emprendimientos son iguales, ni todos buscan (ni se adaptan a) lo mismo.
Un emprendimiento tradicional nace con el propósito de generar ingresos sostenibles y mantener una operación estable a largo plazo. Su crecimiento suele ser lineal, proporcional al esfuerzo, al capital y al tiempo invertido. Es el tipo de negocio que busca permanencia, no especulación. Una cafetería, una agencia de marketing o una empresa de servicios profesionales pueden ser rentables, sólidas y valiosas sin necesidad de levantar inversión externa.
En cambio, una startup o emprendimiento tecnológico tiene una lógica completamente distinta: no nace para sostenerse, sino para escalar rápidamente. Su modelo busca crecer de manera exponencial, apalancándose en tecnología, automatización y un producto o servicio que pueda replicarse miles de veces sin aumentar costos en la misma proporción. Su valor no se mide por las utilidades del presente, sino por su potencial de crecimiento futuro.
Y aquí entra el punto que pocos explican: la mayoría de los inversionistas no invierten en negocios, invierten en salidas.
En el mundo de las startups, desde el día uno se piensa en la estrategia de salida: cómo los fundadores e inversionistas recuperarán su inversión y obtendrán beneficios cuando el negocio sea adquirido, se fusione o salga a bolsa.
Una startup sin una posible salida atractiva normalmente no resulta interesante para el capital de riesgo. En cambio, un emprendimiento tradicional normalmente no contempla una salida, porque su propósito es operar, generar flujo y perdurar.
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También es diferente la gestión del riesgo. El emprendimiento tradicional apuesta por seguridad y estabilidad; busca reducir la incertidumbre y construir paso a paso. La startup, por el contrario, vive en la incertidumbre, experimenta, fracasa rápido, ajusta, y vuelve a despegar. Sus riesgos son más altos, pero su retorno potencial también. Es un juego de probabilidades: muchas mueren, pero las pocas que triunfan lo hacen a gran escala.
En el radar de aceleradoras e inversionistas, los proyectos que más brillan son los que:
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Tienen alta escalabilidad (crecen sin aumentar costos en la misma proporción).
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Poseen un modelo replicable y validable en distintos mercados.
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Demuestran una ventaja tecnológica o de innovación clara.
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Y cuentan con un equipo fundador sólido, capaz de ejecutar y adaptarse rápido.
Por el contrario, los negocios enfocados en estabilidad, servicios personalizados o estructuras dependientes del tiempo humano quedan fuera de ese foco. No porque sean malos, sino porque no son vehículos de inversión de alto retorno.
Y esa es la claridad que falta en muchas conversaciones sobre emprendimiento: No todo negocio necesita inversionistas, ni todo inversionista busca tu tipo de negocio.
Entender esta diferencia evita frustraciones, falsas expectativas y comparaciones injustas.
- Un emprendimiento tradicional puede construir legado, estabilidad y empleo.
- Una startup puede transformar industrias completas y generar dinero muy rápido.
Ambos modelos son muy necesarios y pueden ser muy exitosos. Pero solo cuando el emprendedor entiende qué está construyendo y en qué juego está participando, puede tomar decisiones inteligentes sobre su crecimiento, su financiamiento y su futuro.
Sí, he conocido emprendimientos tradicionales que crecen con estrategias startuperas, o statups que crecen gradual y sostenido, pero en la mayoría de los casos aplica lo que aquí les comparto.














